Qué pruebas médicas hacerse antes del embarazo: nuestra lista

Las pruebas médicas antes del embarazo que nosotros pedimos, cómo las conseguimos en el sistema público y qué encontramos. Una guía práctica y honesta.

Por Familia en Progreso 6 min de lectura
Qué pruebas médicas hacerse antes del embarazo: nuestra lista

Cuando decidimos que queríamos intentarlo, una de las primeras cosas que hicimos fue pedir cita con la ginecóloga. Mamá en Progreso llevó una analítica reciente que tenía, y esa primera visita fue mucho más que una lista de pruebas: la ginecóloga revisó los resultados, empezó a construir un historial médico y anotó todo lo que podía ser relevante para la fertilidad. Así fue como entendimos de verdad la importancia de las pruebas médicas antes del embarazo —no como un trámite administrativo, sino como el arranque real de un seguimiento.

No somos médicos ni pretendemos serlo. Lo que aquí contamos es lo que nosotros pedimos, lo que encontramos y lo que aprendimos en el proceso. Cada caso es diferente, y lo más importante que nos llevamos de esta experiencia es que el acompañamiento profesional debería empezar desde la decisión —no desde el positivo.

Si además de las pruebas estáis mirando qué vitaminas y suplementos tomar en este momento, tenemos una guía específica sobre suplementos preconcepcionales que complementa bien lo que vais a leer aquí.

Las pruebas médicas antes del embarazo para ella: lo que pedimos

La visita preconcepcional puede pedirse a través del ginecólogo o del médico de familia —en algunas comunidades existe un protocolo específico, en otras depende del profesional. En nuestro caso fuimos directamente con la ginecóloga. Ella revisó la analítica que Mamá en Progreso llevaba y usó esa primera consulta para construir un historial médico: antecedentes, condiciones previas que puedan afectar la fertilidad, edad, peso. No fue una visita de cinco minutos —fue el inicio de un seguimiento.

Si sabéis que tenéis alguna condición que puede afectar la fertilidad —endometriosis, adenomiosis, síndrome de ovario poliquístico u otras— esta visita cobra todavía más valor. Lo que para muchas mujeres es una analítica de control puede ser, en vuestro caso, el inicio de un seguimiento más específico. No lo decimos para alarmar, sino porque si ya lo sabéis, no tiene sentido esperar al positivo para ponerlo sobre la mesa con el profesional.

La base es la analítica completa con hemograma y ferritina. El hemograma da información sobre los glóbulos rojos, blancos y plaquetas —un punto de partida general del estado de salud. La ferritina es más específica: mide los depósitos de hierro del cuerpo, no solo el hierro en sangre circulante. Muchas mujeres tienen ferritina baja sin saberlo y sin síntomas claros. Durante el embarazo el cuerpo va a multiplicar la demanda de hierro para formar la placenta y la sangre del bebé. Detectar la deficiencia antes da tiempo para suplementar con calma.

La TSH, la hormona que regula el tiroides, es otra que pedimos expresamente. El hipotiroidismo subclínico —niveles de TSH ligeramente elevados sin síntomas— es más frecuente en mujeres en edad fértil de lo que se suele asumir. Puede afectar tanto a la capacidad de concebir como al desarrollo neurológico del bebé en las primeras semanas de gestación. Si la TSH está alterada antes de intentarlo, se puede tratar y estabilizar con tiempo. La nuestra salió en el límite alto del rango normal, así que la monitorizamos cada trimestre.

El grupo sanguíneo y el factor Rh son imprescindibles. Si ella tiene Rh negativo y él tiene Rh positivo, el cuerpo de ella puede generar anticuerpos contra la sangre del bebé, lo que puede afectar a embarazos posteriores. Saberlo de antemano permite planificar las inyecciones preventivas de inmunoglobulina durante el embarazo. Aunque es una prueba que el sistema público suele incluir en analíticas generales, es mejor tener la confirmación antes de empezar.

La serología preconcepcional es quizá el bloque más importante. Incluye varios análisis: rubéola (saber si hay inmunidad —y si no la hay, vacunarse antes y esperar tres meses, porque la vacuna es de virus vivo atenuado), toxoplasmosis (importante para saber si ya se tiene inmunidad o si hay que extremar precauciones con alimentos crudos y contacto con gatos durante el embarazo), y hepatitis B y C, sífilis y VIH. No se piden porque se espere nada —se piden porque hay que saberlo antes, ya que afecta directamente al protocolo de seguimiento del embarazo.

Por último, hay dos que no están en muchas listas estándar pero que nosotros pedimos expresamente: la citología cervical (si no se había hecho en los tres años anteriores) y la vitamina D. Esta última no suele incluirse en las analíticas rutinarias y hay que pedirla expresamente. Los niveles bajos son muy comunes en España —especialmente en invierno— y se asocian con mayor riesgo de ciertos problemas durante el embarazo. La nuestra estaba baja, así que empezamos a suplementar antes de intentarlo.

Las pruebas médicas para él también: lo que se suele saltar

Hay una brecha enorme entre lo que se recomienda y lo que se hace en la práctica. La mayoría de los controles preconcepcionales se centran en ella. Pero alrededor de un 40-50% de los problemas de fertilidad tienen componente masculino total o parcial, y muchos de ellos son corregibles si se detectan a tiempo. Ignorar esa mitad de la ecuación al principio es una de las razones por las que muchas parejas pierden meses innecesariamente.

Lo mínimo es una analítica básica similar a la de ella: hemograma, glucosa en ayunas, TSH y grupo sanguíneo con Rh. Y la serología completa también —hepatitis B y C, sífilis, VIH. No como sospecha de nada, sino porque tener el mismo punto de partida para los dos tiene mucho sentido y simplifica el seguimiento.

El seminograma es la prueba que más se evita pedir —y probablemente la más útil. Evalúa la concentración, movilidad y morfología de los espermatozoides, y da una imagen real de la salud reproductiva masculina. En el sistema público español no lo solicitan de manera rutinaria antes de intentarlo: generalmente se espera a que pasen varios meses sin éxito. Nosotros decidimos pedirlo por iniciativa propia en un laboratorio privado, sin necesidad de derivación médica. El precio rondó los 70 euros.

Si el resultado tiene algún parámetro alterado, hay margen de mejora: cambios de hábitos, temperatura, alimentación, o suplementación con zinc o selenio. Y lo importante es que los espermatozoides se renuevan completamente cada tres meses aproximadamente, así que hay tiempo real para actuar y repetir el análisis. Saberlo antes de meses de incertidumbre tiene un valor que no se puede medir solo en euros.

Lo que no pedimos, y por qué

Hay dos pruebas que se mencionan bastante en foros y grupos de maternidad y que nosotros decidimos no hacer en esta fase. No porque no sean válidas, sino porque en nuestro caso no tenían indicación clara —y pedirlas sin criterio puede generar más ansiedad que información útil.

La primera es el cariotipo —el estudio cromosómico de ambos. Sin historial de abortos de repetición ni anomalías genéticas familiares conocidas, el médico nos explicó que no tiene indicación como prueba rutinaria preconcepcional. Hacerlo sin esa indicación puede generar una ansiedad desproporcionada ante resultados que muchas veces no tienen repercusión práctica real. Nos pareció razonable no buscarnos problemas hipotéticos de entrada.

La segunda es el panel de portadores genéticos expandido —un test que detecta si sois portadores de enfermedades genéticas recesivas como fibrosis quística o atrofia muscular espinal. Está disponible en laboratorios privados desde alrededor de 300 euros por persona. Es una prueba legítima y cada vez más utilizada, pero decidimos no hacerla sin un consejo genético previo que nos ayudara a interpretar bien los resultados y sus implicaciones. Si hay enfermedades genéticas conocidas en la familia de alguno de los dos, el enfoque cambia completamente.

Hacerse las pruebas médicas antes del embarazo no es alarmismo ni sobrepreparación. Es tener información cuando todavía hay margen real para actuar: una ferritina baja se corrige en dos o tres meses, una rubéola sin inmunidad requiere vacunarse y esperar, una TSH elevada se trata antes de intentarlo. Y si hay condiciones que afectan la fertilidad, empezar antes marca todavía más la diferencia. Lo que más nos llevamos de todo esto es algo sencillo: el acompañamiento de un profesional no debería esperar al positivo —debería empezar desde la decisión. Si queréis más contexto sobre la preparación general, tenemos un artículo sobre cómo prepararse para el embarazo antes de intentarlo que cubre el proceso completo desde el principio.

¿Vosotros qué pruebas pedisteis? ¿El médico de cabecera os las facilitó sin problema o tuvisteis que insistir? Cuéntanoslo en los comentarios —cada experiencia ayuda a quien viene detrás.

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